Henry Dunant: La Batalla de Solferino y el Nacimiento de la Cruz Roja
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En mis lecturas sobre los grandes giros de la historia moral de Occidente, pocas vidas me conmueven con tanta fuerza como la de Henry Dunant (admirado por su altruismo incondicional al fundar la Cruz Roja y renunciar a cualquier beneficio personal). Su trayectoria demuestra cómo un acto de empatía espontánea ante el sufrimiento ajeno puede doblegar la indiferencia de los imperios y transformar el derecho internacional.
Los orígenes familiares en Ginebra
Jean-Henry Dunant nació el 8 de mayo de 1828 en Ginebra (Suiza), en el seno de una devota familia calvinista de notable posición social. Su padre, Jean-Jacques Dunant, era miembro del Consejo representativo de la ciudad y supervisor de orfanatos; su madre, Antoinette Colladon, participaba activamente en obras de caridad para enfermos desvalidos.
Ese entorno hogareño forjó en el joven Dunant una sensibilidad temprana por los marginados. A los dieciocho años se unió a la Sociedad Ginebrina de Limosnas y dedicaba sus domingos a visitar a los reclusos de la prisión de la ciudad. Tras formarse en banca y comercio, fundó en París la sección juvenil de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA). En la década de 1850, sus proyectos comerciales lo llevaron a Argelia (entonces bajo dominio francés) para gestionar molinos de trigo y concesiones de tierras en Saint-Arnaud.
El infierno de Solferino y el grito de «Tutti fratelli»
En junio de 1859, buscando resolver problemas burocráticos sobre sus concesiones agrícolas, Dunant viajó a Lombardía (norte de Italia) para entrevistarse en persona con el emperador Napoleón III. Su viaje coincidió trágicamente con el 24 de junio de 1859, fecha en que se libró la Batalla de Solferino entre los ejércitos franco-sardo y austriaco.
Al caer la tarde, más de cuarenta mil hombres yacían muertos o mutilados en el campo de batalla sin atención médica alguna. Los servicios sanitarios de campaña eran casi inexistentes. Ante el horror, Dunant olvidó sus negocios y se instaló en el vecino pueblo de Castiglione delle Stiviere.
Allí organizó un hospital de campaña improvisado en la iglesia de Chiesa Maggiore, comprando víveres de su bolsillo y movilizando a las mujeres y ancianas de la localidad bajo una consigna ética que marcó un antes y un después:
«Tutti fratelli» (en italiano: “Todos somos hermanos”).
Dunant insistió en que el socorro médico debía dispensarse sin distinción de bando ni uniforme: soldados franceses, italianos y austriacos fueron lavados, vendados y alimentados bajo el mismo techo.
Un souvenir de Solférino y el Comité de los Cinco
Al regresar a Ginebra en 1862, profundamente conmovido, redactó e imprimió a sus expensas un libro breve y descarnado: Un souvenir de Solférino (Un recuerdo de Solferino). En él no solo narraba los horrores del combate, sino que formulaba dos propuestas revolucionarias:
- La creación en cada país de sociedades voluntarias de socorro médico en tiempo de paz, entrenadas para actuar con neutralidad en caso de guerra.
- Un tratado internacional que reconociera la inmunidad médica del personal sanitario y de los heridos en el campo de batalla.
Su llamamiento resonó en Europa. En 1863, junto a cuatro ciudadanos suizos (el jurista Gustave Moynier, el general Guillaume-Henri Dufour y los médicos Louis Appia y Théodore Maunoir), fundó el “Comité Internacional de Socorro a los Militares Heridos”, embrión del actual Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Al año siguiente, dieciséis naciones firmaron el Primer Convenio de Ginebra de 1864, adoptando la cruz roja sobre fondo blanco (inversión de la bandera suiza) como emblema universal de neutralidad.
La bancarrota y los años en el olvido
La entrega apasionada de Dunant a la causa humanitaria lo llevó a descuidar por completo sus inversiones comerciales en Argelia. En 1867, la quiebra financiera de sus empresas provocó un escándalo en la conservadora Ginebra. Forzado a dimitir del Comité, expulsado de la Cruz Roja y cargado de deudas, abandonó su ciudad natal y cayó en la indigencia.
Durante más de dos décadas, Dunant vagó por París, Londres y Alemania, durmiendo en bancos y alimentándose gracias a la caridad de amigos aislados. En 1887 recaló silenciosamente en la aldea suiza de Heiden, donde vivió retirado en la habitación número 12 del hospital local.
En 1895, el periodista Georg Baumberger publicó un reportaje revelando que el anciano y empobrecido fundador de la Cruz Roja seguía con vida en Heiden. El mundo redescubrió su labor: en 1901 se le otorgó el primer Premio Nobel de la Paz de la historia, compartido con el pacifista francés Frédéric Passy.
Dunant jamás tocó el dinero del premio: lo depositó en un banco y en su testamento legó la totalidad de la suma a causas benéficas para los pobres de Heiden y Ginebra. Falleció el 30 de octubre de 1910, pidiendo ser enterrado sin pompa ni cortejo fúnebre.
Fuentes y lecturas recomendadas
- NobelPrize.org: Henry Dunant – Biographical
Biografía oficial del Comité Nobel que detalla su juventud en Ginebra, la experiencia de Solferino y la concesión del primer galardón en 1901. - Wikipedia: Henry Dunant
Monografía histórica con acceso a la bibliografía completa, el texto de Un souvenir de Solférino y las actas del Convenio de Ginebra de 1864.
