Pedro Vicente Maldonado: La Medición de la Tierra y la Vanguardia Científica en los Andes
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Grandes Personajes

Pedro Vicente Maldonado: La Medición de la Tierra y la Vanguardia Científica en los Andes

Índice de contenido

En mi propia vocación por el análisis matemático y las ciencias cuantitativas, siempre me resulta profundamente inspirador volver la mirada a los orígenes del pensamiento científico riguroso en nuestro continente. A menudo suele asumirse que la Ilustración del siglo XVIII fue un monólogo exclusivamente europeo, en el que América fungió únicamente como un telón de fondo exótico para las expediciones foráneas. Sin embargo, cuando se examina con rigor la historia de la ciencia, emerge con esplendor la figura de Pedro Vicente Maldonado y Palomino (admirado por su prodigiosa intuición matemática, su audacia cartográfica y por ser el primer científico hispanoamericano en ingresar a las más ilustres academias científicas de París y Londres), el sabio riobambeño cuyo concurso técnico fue indispensable para resolver uno de los mayores debates cosmológicos de la era moderna: la verdadera forma geométrica de la Tierra.

Lejos de ser un mero guía local o un acompañante logístico, Maldonado aportó soluciones matemáticas originales, pericia instrumental de alta precisión y un conocimiento orográfico inigualable que maravilló a los principales astrónomos de la corte de Luis XV.


Los orígenes en Riobamba y la formación autodidacta

Pedro Vicente Maldonado nació el 24 de noviembre de 1704 en la antigua villa de Riobamba (actual provincia de Chimborazo), en el seno de una familia perteneciente a la hidalguía criolla de la Real Audiencia de Quito. Fue hijo del capitán Pedro Atanasio Maldonado Sotomayor y de doña María Isidora Palomino Flores.

Desde su temprana infancia en los valles andinos custodiados por el colosal volcán Chimborazo y el Tungurahua, Maldonado demostró una curiosidad insaciable por los fenómenos físicos y la geografía del territorio:

  • A los doce años fue enviado a Quito para cursar estudios en el prestigioso Colegio San Luis de los jesuitas y en la Universidad de San Gregorio Magno, donde obtuvo el grado de maestro en artes en 1721.
  • Su formación académica oficial se centró en la escolástica, la filosofía clásica y el latín; sin embargo, su verdadera pasión científica se forjó en la soledad de su biblioteca particular.
  • De forma enteramente autodidacta, devoró tratados de álgebra, geometría analítica, cálculo diferencial, hidrostática, óptica y astronomía náutica, familiarizándose con las obras revolucionarias de René Descartes, Christiaan Huygens e Isaac Newton.

A los veinticuatro años, dotado de un vigor práctico extraordinario, asumió la alcaldía de primer voto de Riobamba y, posteriormente, la Gobernación de Esmeraldas. Su primer gran triunfo de ingeniería civil fue la apertura del Camino de Esmeraldas (1734–1740): un ambicioso proyecto de comunicación vial que él mismo costeó y trazó abriendo trochas a través de la tupida y escarpada selva nublada noroccidental para conectar a Quito directamente con el fondeadero marítimo de Atacames en el océano Pacífico, una hazaña logística que le valió el reconocimiento de la Real Audiencia.


El gran debate cosmológico: Newton contra Cassini

En la década de 1730, la comunidad científica internacional se hallaba dividida en una agria disputa teórica sobre la figura del planeta:

  1. La escuela newtoniana (Inglaterra): Basándose en la ley de la gravitación universal formulada en sus Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687), Isaac Newton argumentaba que la fuerza centrífuga originada por la rotación diaria de la Tierra debía provocar un abultamiento ecuatorial y un correspondiente aplastamiento en las regiones polares. Para Newton, la Tierra era un esferoide oblato (similar a una naranja).
  2. La escuela cartesiana (Francia): Los directores del Observatorio de París, Giovanni Domenico Cassini y su hijo Jacques Cassini, defendían a partir de mediciones geodésicas en territorio francés que el planeta era alargado en los polos y achatado en el ecuador: un esferoide prolato (similar a un melón o limón).

Para dirimir el enigma de manera empírica e irrefutable, la Real Academia de Ciencias de París (Académie des Sciences) concibió un experimento geométrico a escala planetaria: medir con exactitud la longitud de un grado de meridiano terrestre en dos latitudes extremas. Si el grado medido cerca del ecuador resultaba ser más corto que el medido cerca del polo norte, Newton tendría la razón; si era más largo, la tesis de los Cassini saldría triunfante.

Con este objetivo se despacharon dos misiones geodésicas históricas:

  • Una expedición al círculo polar ártico en Laponia (1736), dirigida por Pierre Louis Maupertuis y Alexis Clairaut.
  • La Misión Geodésica al Ecuador (1735–1744), encabezada por los matemáticos y astrónomos franceses Charles Marie de La Condamine, Pierre Bouguer y Louis Godin, a quienes la Corona española sumó a dos destacados oficiales y científicos navales: Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa.

La alianza científica en los Andes

Cuando los académicos europeos arribaron a Quito en mayo de 1736, la majestuosidad de la cordillera de los Andes se convirtió en una pesadilla operativa. La triangulación geodésica exigía establecer estaciones de observación visual en cumbres nevadas a más de cuatro mil metros de altitud, expuestas a tempestades de nieve, vientos huracanados, falta de oxígeno (soroche) y una niebla perpetua que impedía divisar las señales entre cerros distantes. A ello se sumaban las agudas rencillas de ego entre los propios académicos franceses y la desconfianza burocrática de las autoridades virreinales.

En medio de este desánimo generalizado, La Condamine y Bouguer conocieron a Pedro Vicente Maldonado. El asombro de los sabios europeos fue instantáneo: hallaron en aquel criollo americano no solo a un caballero de refinada educación y amplios recursos económicos, sino a un matemático de primer nivel capaz de discutir de igual a igual sobre refracción atmosférica, trigonometría esférica y compensación de errores instrumentales.

Maldonado se integró activamente a los trabajos geodésicos:

  • Trazado de la cadena de triángulos: Colaboró en la selección estratégica de los vértices geodésicos a lo largo del callejón interandino, desde los llanos de Yaruquí (al norte de Quito) hasta las planicies de Tarqui (al sur de Cuenca), cubriendo un arco de meridiano de más de tres grados de latitud.
  • Medición de la base geodésica de Yaruquí: Participó en la medición directa sobre el terreno de la línea base con varas de madera calibradas a la temperatura estándar de París (toise o toesa), minimizando las dilataciones térmicas.
  • Correcciones matemáticas y astronómicas: Empleó el cuadrante astronómico de cuadrícula y anteojos de mira micrométrica para determinar las latitudes celestes mediante la observación de estrellas cenitales (como $\epsilon$ Serpentis), calculando las correcciones necesarias por efecto de la altitud y la desviación de la plomada causada por la atracción de la masa gravitatoria de los volcanes andinos (efecto que más tarde Bouguer bautizaría como la anomalía gravitacional de Bouguer).

Las observaciones gravimétricas complementarias realizadas con el péndulo de segundos confirmaron que la oscilación pendular se ralentizaba al acercarse a la línea equinoccial, comprobando que la gravedad efectiva disminuye en el ecuador debido a la mayor distancia al centro terrestre y al efecto máximo de la aceleración centrífuga.

La medición arrojó un valor medio de 56.753 toesas para el grado de meridiano en el ecuador, frente a las 57.438 toesas medidas por Maupertuis en Laponia. La conclusión matemática fue definitiva: el grado aumentaba de longitud hacia el polo; por tanto, la Tierra estaba achatada en los polos y abultada en el ecuador, consagrando el triunfo definitivo de la física newtoniana.


La expedición del Amazonas y la cumbre cartográfica

Concluida la misión en 1743, Maldonado y Charles Marie de La Condamine decidieron no regresar por la vía convencional del istmo de Panamá, sino emprender el primer descenso de exploración científica a lo largo de toda la cuenca del río Amazonas hacia el océano Atlántico.

Durante esta extenuante travesía fluvial, Maldonado asumió la responsabilidad cartográfica principal:

  • Utilizando brújula marina, cuadrante y reloj náutico, levantó las coordenadas astronómicas y rumbos de navegación de los ríos Bobonaza, Pastaza, Marañón y Amazonas.
  • Cartografió detalladamente la posición de los afluentes, los lechos de arena, las islas fluviales y los asentamientos indígenas de Maynas, corrigiendo los errores groseros de los mapas misioneros del siglo anterior.

Carta de la Provincia de Quito y de sus adyacentes (1750), obra maestra cartográfica de Pedro Vicente Maldonado grabada en París Fuente: Archivo Histórico del Guayas / Bibliothèque nationale de France / Wikimedia Commons.

A su llegada a París en 1746, La Condamine presentó a Maldonado ante la flor y nata de la intelectualidad europea. La Real Academia de Ciencias de París lo distinguió nombrándolo Miembro Correspondiente, un honor reservado a los científicos más sobresalientes fuera de Francia. En París, Maldonado supervisó personalmente el grabado al aguafuerte sobre planchas de cobre de su monumental obra: la «Carta de la Provincia de Quito y de sus adyacentes» (impresa en 1750), un mapa de cuatro grandes hojas que asombró a Europa por su exactitud trigonométrica y que sirvió durante más de un siglo como la cartografía de referencia de toda la región andino-amazónica.

En 1747 viajó a los Países Bajos y posteriormente a Londres, donde trabó amistad con los principales físicos, astrónomos y naturalistas británicos. El presidente de la Royal Society, Martin Folkes, impresionado por los datos geodésicos y la solidez de sus conocimientos matemáticos, patrocinó su candidatura institucional. El 27 de noviembre de 1747, Maldonado fue admitido formalmente como Miembro de la Royal Society (Fellow of the Royal Society - FRS), convirtiéndose en el primer ilustrado nacido en las tierras del actual Ecuador en recibir el máximo laurel de la ciencia anglosajona.


El ocaso prematuro y el legado de un pionero

Lamentablemente, el destino truncó en plena madurez intelectual la vida de este sabio americano. En el otoño de 1748, mientras preparaba nuevos instrumentos y telescopios para regresar a su patria a continuar sus investigaciones astronómicas, contrajo una afección pulmonar fulminante. Pedro Vicente Maldonado falleció en Londres el 17 de noviembre de 1748, a los 43 años de edad. Fue sepultado con honores en la iglesia de Saint James en Piccadilly.

Su amigo y colega La Condamine redactó en el elogio fúnebre ante la Academia de Ciencias de París un testimonio conmovedor que rescata la magnitud de su genio:

«El señor Maldonado reunía a un espíritu penetrante y cultivado una modestia singular, una rectitud inalterable y un celo infatigable por el progreso de las luces. Su muerte es una pérdida irreparable no solo para su patria, sino para toda la república de las letras.»

Pedro Vicente Maldonado demostró que la ciencia no tiene patria exclusiva ni fronteras geográficas. Su vida encarna el triunfo de la disciplina intelectual y la pasión por el conocimiento: un hombre nacido a la sombra de los volcanes andinos que escaló hasta la cúspide de la ciencia mundial para descifrar, con compás y telescopio en mano, el verdadero rostro del planeta que habitamos.


Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Real Academia de la Historia (España): Pedro Vicente Maldonado y Palomino Flores
    Biografía académica documentada con el itinerario de sus obras científicas, la construcción del camino de Esmeraldas y su relación con Jorge Juan y Antonio de Ulloa.
  2. Wikipedia (español): Pedro Vicente Maldonado
    Monografía histórica sobre sus investigaciones geodésicas, su ingreso a la Royal Society de Londres y el análisis de la Carta de la Provincia de Quito.
  3. Wikipedia (español): Misión geodésica francesa
    Estudio científico sobre la controversia newtoniana de la forma de la Tierra, las mediciones en Yaruquí y Tarqui, y la participación de los científicos hispanoamericanos.